Por: Camila Espinoza L.
A sus 48 años y sin tener ningún titulo universitario, Ana Cadillo Nikao se convirtió en una pieza fundamental en la creación del periódico El Sol Noticias, el cual publica mes a mes información que ayuda y reivindica la imagen de los inmigrantes peruanos. Además, el orgullo y amor que siente por su patria lo expresa ayudando a su
comunidad a través de la Asociación de Damas Peruanas, quienes realizan labores sociales. También se desempeña como tesorera del Club Libertad Trujillo filial Chile, entidad que se encarga de difundir el folclore peruano, organizando concursos de marinera, baile típico del país.
Lo que ha logrado esta limeña de nacimiento ha sido producto de su esfuerzo y liderazgo. Una de sus amigas, Rosa López, destaca “su capacidad de salir adelante, de nunca deprimirse y de ser emprendedora”. Muchos se sorprenden al ver como una mujer logró formar una vida en un país extranjero y posicionar un medio de comunicación único, donde sólo se publican noticias positivas. En el año 2007 recibió un reconocimiento entregado por la División de Organizaciones Sociales (DOS), dependiente del Ministerio Secretaría General de Gobierno, por la iniciativa de publicar el periódico de manera gratuita a los peruanos residentes en Chile.
Esta capacidad de ser líder puede observarse de inmediato al acompañarla. Es común verla fijar las rutinas en el hogar. Siempre esta tratando de guiar a los demás. Desde que su hijo ingresó al colegio se encargaba de organizar paseos de curso. No le importaba gastar tiempo y dinero llamando por teléfono a cada apoderado para recordarle lo que debía aportar.
Al llegar a su casa y observarla, encontramos a una mujer amable, tranquila, relajada y con una gran sonrisa. Nada parece perturbarla; no existe ninguna sombra de melancolía. Es que, a pesar de dejar su país, siempre se ha sentido cómoda en Chile. Aquí formó una vida en compañía de Jorge y sus hijos. Además, tiene su periódico, que es uno de sus grandes logros. Actualmente se desempeña como coordinadora de edición, mientras que su marido oficia de director. Los dos trabajan en su propia imprenta, donde el diario es editado e impreso; alcanzado una cifra cercana a los 7.000 ejemplares por mes.
En una de las oficinas de este lugar, Ana pasa la mayor parte del tiempo. Sentada en su escritorio y entre miles de papeles, se encarga de contestar el teléfono y de diagramar el diario en su computador. Se ha convertido en una especie de “maestra chasquilla”: ayuda a anillar calendarios, revisa planillas, toma las fotos para el periódico, redacta noticias, fija los temas a tratar en cada edición, va a conferencias de prensa y ayuda a diseñar algunas páginas del diario. Todas estas labores las ha aprendido sola, por ello se cataloga como “autodidacta en muchos ámbitos”.
Ana se siente orgullosa de tener un periódico. Como muchas cosas en su vida, esto se transformó en un desafío. Todo partió con una pregunta: “¿Por qué se muestra sólo lo negativo?”. Ella y su esposo siempre veían que en las noticias se caracterizaba a los peruanos como sucios, flojos y ladrones. Ana señala, un poco triste, que “los peruanos no somos eso, esa es una mínima cantidad en nuestra comunidad y nadie daba a conocer como nosotros realmente éramos.”. Por eso surgió la idea de hacer un medio escrito que reivindicara la imagen de los peruanos y mostrara otra cara de la moneda. “Todo lo que realce la imagen de la comunidad peruana y la integre con la chilena, va estar en nuestro periódico”, afirma Ana. Ese fue el punto de partida para crear El Sol Noticias en el 2004, donde se publican en su mayoría informaciones que guíen a los inmigrantes en materias legales, beneficios a los que puedan acceder en forma gratuita y noticias sobre las celebraciones religiosas.
La llegada a “Chile, Chile lindo, lindo como un sol”
Hace 18 años salió del Perú, decidida como lo ha sido siempre: tomó sus cosas y sola con su hijo -Ángelo de apenas un año- se trasladó a nuestro país, siguiendo a Jorge, su marido, quien poco tiempo después de casarse con ella, había sido trasladado a Chile por la empresa donde se desempeñaba como gerente de ventas.
A su llegada se encontró sola, en un país extraño. “Nunca estuvo en mis planes salir de mi tierra”, explica, pero no se arrepiente. Aquí en Chile encontró “un país ordenado, durante una época en que no existía mucha delincuencia”. Además, el año 2000 Jorge, apoyado e incentivado por su mujer, formó la empresa Impresos Gotteli. Ana siempre ha llevado las riendas del hogar; es el apoyo y motor de la familia. Su opinión siempre ha sido gravitante. Fue ella, quien decidió quedarse en Chile. Como ya era costumbre, su marido le pidió su opinión. “¿Regresamos a Perú o nos quemamos?”, a lo que su esposa respondió con firmeza: “A qué vamos a volver, es mejor que nos quedemos acá y que sigas con la imprenta”.
Así Jorge se dedicó a su empresa, mientras Ana se encargaba de la labores domesticas. Desde su matrimonio ella dejó el mundo laboral. Para su marido, “la esposa del gerente no podía trabajar de vendedora”. Fue así que se concentró por entero a disfrutar de una faceta desconocida para ella: la maternidad. Cuatro años después de llegar a Chile nació su segundo hijo, Diego. A pesar de compartir todo el tiempo con los niños, se sentía incompleta. Necesitaba trabajar, pues siempre fue independiente. “A mi no me gustaba pedir dinero, siempre estuve acostumbrada a gastar mi propia plata”.
Ana sentía que su labor de dueña de casa no era valorada. Desde su época universitaria como contadora, siempre había trabajado. Se presentaba a entrevistas laborales, sin importarle que exigieran estudios universitarios completos. Para ella nada era imposible, confiaba en que todo se podía aprender. “Yo se que puedo hacerlo”, se decía. Fue esa sagacidad y seguridad que conquistaron a un contador peruano, quien decidió contratarla como auxiliar contable, sin que ella supiera nada de la materia.
Desde entonces no se detuvo y se dedico a trabajar a tiempo completo, renunciando a la universidad. Su espíritu emprendedor y pasión por el trabajo la llevo, incluso a crear su propia línea de ropa Ankis Colección, Labor que abandonó al casarse el año1989.
“Vuelve a las viejas andanzas”
Para Ana, la crisis asiática tuvo un gran impacto, pues el rubro de la imprenta se vio muy afectado. Por esta razón, su marido debió despedir a casi todo el personal, porque ya no había alguien que se hiciera cargo de anotar los pedidos. “Ésa fue la oportunidad de hacer algo más que ser dueña de casa y de demostrar que yo podía desarrollarme en otro aspecto. Lo apoyé en la oficina y poco a poco comenzamos a repuntar en lo de la imprenta”.
Incorporarse nuevamente al trabajo no fue fácil, puesto que su marido no estaba de acuerdo; el hombre debía ser el proveedor. Pero Ana no cedió y con su carácter fuerte se impuso. Se encargó de las labores administrativas dentro de la imprenta. Sin abandonar su rol de madre, se preocupaba por sus hijos y “siempre estaba en la casa para recibir a los niños cuando llegaban del colegio”.
Desde aquel minuto, ya no se separará del trabajo. Cuatro años después se crea el periódico. Para ella, su desempeño laboral “es una forma de realización personal. Es mostrar que cada cosa o responsabilidad que tomo, la trato de hacer siempre bien”.
Esta forma de hacer que todo salga perfecto le ha acarreado algunos problemas. No le importa desgastarse trabajando el triple, si es necesario; con tal de lograr su objetivo. Su marido la tilda de perfeccionista y son comunes las discusiones, porque para Ana todo debe ser impecable.
Sueños pendientes
Sentada en el sofá de su casa, con su vestimenta parece dar señas de su sencillez. Ocupa una tenida sport que incluye un short, una polera y zapatillas rojas, que contrasta con el color mate de su piel. En su rostro no hay rastro de maquillaje, y su pelo esta libre de peinados, es que solo decide usar cosméticos cuando debe asistir a alguna cena. Sus gruesos labios esbozan una gran sonrisa, y sus ojos revelan sus rasgos asiáticos, heredados de su abuelo japonés. Al ver fotos antiguas pareciera que el tiempo no pasa por ella, mantiene el mismo peso, las arrugas parecen no poder alcanzarla.
Mientras se acomoda, relata que uno de sus mayores anhelos es que sus hijos conozcan el lugar donde vivieron sus padres: “Una de mis metas es que mis hijos conozcan Macchu Picchu, quiero mostrarles todo lo bonito que es mi país, porque ellos no tienen mucha idea. Son demasiados chilenos, chilenos de alma, corazón y vida”.
Sin duda, para Ana un gran regalo sería reunirse con su familia. Hace ocho años que no ve a sus padres, quienes aún viven en Perú. Sus hermanos se radicaron en Japón hace 12 años, tiempo en que nunca los ha visto. Por eso planea juntarse con todos el año que viene. Pensativa y un poco ansiosa, señala: “No sé cómo será el reencuentro, me imagino que muy emocionante”. A pesar de estar lejos de sus seres queridos, no volvería a vivir a Perú. “No es porque yo no quiera mi país”, aclara enérgicamente. “Si regresamos, tendríamos que empezar de nuevo. Ni Jorge ni yo estamos en edad para eso”. Y finalmente, antes de levantarse del asiento, afirma: “Tengo mi vida hecha en Chile y aquí moriré”.
comunidad a través de la Asociación de Damas Peruanas, quienes realizan labores sociales. También se desempeña como tesorera del Club Libertad Trujillo filial Chile, entidad que se encarga de difundir el folclore peruano, organizando concursos de marinera, baile típico del país.Lo que ha logrado esta limeña de nacimiento ha sido producto de su esfuerzo y liderazgo. Una de sus amigas, Rosa López, destaca “su capacidad de salir adelante, de nunca deprimirse y de ser emprendedora”. Muchos se sorprenden al ver como una mujer logró formar una vida en un país extranjero y posicionar un medio de comunicación único, donde sólo se publican noticias positivas. En el año 2007 recibió un reconocimiento entregado por la División de Organizaciones Sociales (DOS), dependiente del Ministerio Secretaría General de Gobierno, por la iniciativa de publicar el periódico de manera gratuita a los peruanos residentes en Chile.
Esta capacidad de ser líder puede observarse de inmediato al acompañarla. Es común verla fijar las rutinas en el hogar. Siempre esta tratando de guiar a los demás. Desde que su hijo ingresó al colegio se encargaba de organizar paseos de curso. No le importaba gastar tiempo y dinero llamando por teléfono a cada apoderado para recordarle lo que debía aportar.
Al llegar a su casa y observarla, encontramos a una mujer amable, tranquila, relajada y con una gran sonrisa. Nada parece perturbarla; no existe ninguna sombra de melancolía. Es que, a pesar de dejar su país, siempre se ha sentido cómoda en Chile. Aquí formó una vida en compañía de Jorge y sus hijos. Además, tiene su periódico, que es uno de sus grandes logros. Actualmente se desempeña como coordinadora de edición, mientras que su marido oficia de director. Los dos trabajan en su propia imprenta, donde el diario es editado e impreso; alcanzado una cifra cercana a los 7.000 ejemplares por mes.
En una de las oficinas de este lugar, Ana pasa la mayor parte del tiempo. Sentada en su escritorio y entre miles de papeles, se encarga de contestar el teléfono y de diagramar el diario en su computador. Se ha convertido en una especie de “maestra chasquilla”: ayuda a anillar calendarios, revisa planillas, toma las fotos para el periódico, redacta noticias, fija los temas a tratar en cada edición, va a conferencias de prensa y ayuda a diseñar algunas páginas del diario. Todas estas labores las ha aprendido sola, por ello se cataloga como “autodidacta en muchos ámbitos”.
Ana se siente orgullosa de tener un periódico. Como muchas cosas en su vida, esto se transformó en un desafío. Todo partió con una pregunta: “¿Por qué se muestra sólo lo negativo?”. Ella y su esposo siempre veían que en las noticias se caracterizaba a los peruanos como sucios, flojos y ladrones. Ana señala, un poco triste, que “los peruanos no somos eso, esa es una mínima cantidad en nuestra comunidad y nadie daba a conocer como nosotros realmente éramos.”. Por eso surgió la idea de hacer un medio escrito que reivindicara la imagen de los peruanos y mostrara otra cara de la moneda. “Todo lo que realce la imagen de la comunidad peruana y la integre con la chilena, va estar en nuestro periódico”, afirma Ana. Ese fue el punto de partida para crear El Sol Noticias en el 2004, donde se publican en su mayoría informaciones que guíen a los inmigrantes en materias legales, beneficios a los que puedan acceder en forma gratuita y noticias sobre las celebraciones religiosas.
La llegada a “Chile, Chile lindo, lindo como un sol”
Hace 18 años salió del Perú, decidida como lo ha sido siempre: tomó sus cosas y sola con su hijo -Ángelo de apenas un año- se trasladó a nuestro país, siguiendo a Jorge, su marido, quien poco tiempo después de casarse con ella, había sido trasladado a Chile por la empresa donde se desempeñaba como gerente de ventas.
A su llegada se encontró sola, en un país extraño. “Nunca estuvo en mis planes salir de mi tierra”, explica, pero no se arrepiente. Aquí en Chile encontró “un país ordenado, durante una época en que no existía mucha delincuencia”. Además, el año 2000 Jorge, apoyado e incentivado por su mujer, formó la empresa Impresos Gotteli. Ana siempre ha llevado las riendas del hogar; es el apoyo y motor de la familia. Su opinión siempre ha sido gravitante. Fue ella, quien decidió quedarse en Chile. Como ya era costumbre, su marido le pidió su opinión. “¿Regresamos a Perú o nos quemamos?”, a lo que su esposa respondió con firmeza: “A qué vamos a volver, es mejor que nos quedemos acá y que sigas con la imprenta”.
Así Jorge se dedicó a su empresa, mientras Ana se encargaba de la labores domesticas. Desde su matrimonio ella dejó el mundo laboral. Para su marido, “la esposa del gerente no podía trabajar de vendedora”. Fue así que se concentró por entero a disfrutar de una faceta desconocida para ella: la maternidad. Cuatro años después de llegar a Chile nació su segundo hijo, Diego. A pesar de compartir todo el tiempo con los niños, se sentía incompleta. Necesitaba trabajar, pues siempre fue independiente. “A mi no me gustaba pedir dinero, siempre estuve acostumbrada a gastar mi propia plata”.
Ana sentía que su labor de dueña de casa no era valorada. Desde su época universitaria como contadora, siempre había trabajado. Se presentaba a entrevistas laborales, sin importarle que exigieran estudios universitarios completos. Para ella nada era imposible, confiaba en que todo se podía aprender. “Yo se que puedo hacerlo”, se decía. Fue esa sagacidad y seguridad que conquistaron a un contador peruano, quien decidió contratarla como auxiliar contable, sin que ella supiera nada de la materia.
Desde entonces no se detuvo y se dedico a trabajar a tiempo completo, renunciando a la universidad. Su espíritu emprendedor y pasión por el trabajo la llevo, incluso a crear su propia línea de ropa Ankis Colección, Labor que abandonó al casarse el año1989.
“Vuelve a las viejas andanzas”
Para Ana, la crisis asiática tuvo un gran impacto, pues el rubro de la imprenta se vio muy afectado. Por esta razón, su marido debió despedir a casi todo el personal, porque ya no había alguien que se hiciera cargo de anotar los pedidos. “Ésa fue la oportunidad de hacer algo más que ser dueña de casa y de demostrar que yo podía desarrollarme en otro aspecto. Lo apoyé en la oficina y poco a poco comenzamos a repuntar en lo de la imprenta”.
Incorporarse nuevamente al trabajo no fue fácil, puesto que su marido no estaba de acuerdo; el hombre debía ser el proveedor. Pero Ana no cedió y con su carácter fuerte se impuso. Se encargó de las labores administrativas dentro de la imprenta. Sin abandonar su rol de madre, se preocupaba por sus hijos y “siempre estaba en la casa para recibir a los niños cuando llegaban del colegio”.
Desde aquel minuto, ya no se separará del trabajo. Cuatro años después se crea el periódico. Para ella, su desempeño laboral “es una forma de realización personal. Es mostrar que cada cosa o responsabilidad que tomo, la trato de hacer siempre bien”.
Esta forma de hacer que todo salga perfecto le ha acarreado algunos problemas. No le importa desgastarse trabajando el triple, si es necesario; con tal de lograr su objetivo. Su marido la tilda de perfeccionista y son comunes las discusiones, porque para Ana todo debe ser impecable.
Sueños pendientes
Sentada en el sofá de su casa, con su vestimenta parece dar señas de su sencillez. Ocupa una tenida sport que incluye un short, una polera y zapatillas rojas, que contrasta con el color mate de su piel. En su rostro no hay rastro de maquillaje, y su pelo esta libre de peinados, es que solo decide usar cosméticos cuando debe asistir a alguna cena. Sus gruesos labios esbozan una gran sonrisa, y sus ojos revelan sus rasgos asiáticos, heredados de su abuelo japonés. Al ver fotos antiguas pareciera que el tiempo no pasa por ella, mantiene el mismo peso, las arrugas parecen no poder alcanzarla.
Mientras se acomoda, relata que uno de sus mayores anhelos es que sus hijos conozcan el lugar donde vivieron sus padres: “Una de mis metas es que mis hijos conozcan Macchu Picchu, quiero mostrarles todo lo bonito que es mi país, porque ellos no tienen mucha idea. Son demasiados chilenos, chilenos de alma, corazón y vida”.
Sin duda, para Ana un gran regalo sería reunirse con su familia. Hace ocho años que no ve a sus padres, quienes aún viven en Perú. Sus hermanos se radicaron en Japón hace 12 años, tiempo en que nunca los ha visto. Por eso planea juntarse con todos el año que viene. Pensativa y un poco ansiosa, señala: “No sé cómo será el reencuentro, me imagino que muy emocionante”. A pesar de estar lejos de sus seres queridos, no volvería a vivir a Perú. “No es porque yo no quiera mi país”, aclara enérgicamente. “Si regresamos, tendríamos que empezar de nuevo. Ni Jorge ni yo estamos en edad para eso”. Y finalmente, antes de levantarse del asiento, afirma: “Tengo mi vida hecha en Chile y aquí moriré”.
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