9 de diciembre de 2008

Rancagua y su particular estilo de vida universitario: Cómo se vive y comparte en la Universidad de Aconcagua

Una ciudad que no se caracteriza por una rica vida universitaria, busca consolidar un proyecto que la haga ser una alternativa viable en la educación superior. ¿Qué tiene de especial la UAC? ¿Qué la hace diferente de una institución de Santiago o Valparaíso? Dos estudiantes de Psicología y un profesor comparten sus visiones en este artículo.

Por: María Paz Donoso E.

Rancagua se encuentra a 73 kilómetros al sur de Santiago. Para llegar a la capital de la VI Región del Libertador Bernardo O’Higgins, se pueden utilizar diversos medios de transporte, como los buses del Terminal San Borja que llegan al Terminal O’Higgins ubicado en la Alameda de dicha ciudad; el servicio ofrecido por Tur-Bus que llegan a 3 cuadras del centro y el Metrotrén. A una hora y cuarto de la urbe metropolitana desembarcamos en una comuna de 300 mil habitantes, que se destaca por sus atributos campesinos, huasos, agrícolas y mineros. Pero no precisamente por tener una buena calidad de vida universitaria, cuya consolidación en la región ha sido difícil.

La Universidad de Aconcagua -ex Universidad de Rancagua desde este año-, rompe, en parte, esta visión. Emplazada en el kilómetro 4 de la Carretera del Cobre que conduce al Mineral El Teniente, cuenta con 4,3 hectáreas que alberga un edificio de 2000 metros cuadrados, estacionamientos, casino, una casa que funciona como sede de Vicerrectoría y Administración, una amplia cancha de fútbol y sectores de áreas verdes donde los alumnos, se distraen después de clases.

Desde el primer momento hay elementos que a un estudiante universitario de Santiago, Valparaíso, Talca o Valdivia, le asombran. La Universidad cuenta con un bus de traslado exclusivo durante todo el día, desde la misma casa de estudios hasta el centro y viceversa, que se detiene en lugares de alta concurrencia.

Al ingresar al campus de Rancagua por medio del bus de acercamiento sorprenden, además, otras cosas. Pocos alumnos que deambulan entre las salas de clases, biblioteca, laboratorios, oficinas y casino, profesores que conversan relajada y animadamente con sus estudiantes y el mismo servicio de traslado que entra y sale de modo continuo.

La sede Rancagua imparte 19 carreras en régimen diurno y vespertino, entre ellas Derecho, Psicología, Kinesiología, Medicina Veterinaria e Ingeniería Comercial. En 2008, cuenta con 130 estudiantes en horario diurno y durante el año, si algún interesado de otra universidad desea incorporarse, se convalidan los ramos correspondientes y puede continuar sus estudios. Es el caso de Pamela Jeldres, quien se decidió cambiar a Psicología proveniente de la Andrés Bello de Viña. “Me cambié porque no me pude adaptar a Viña, echaba de menos a mi familia. Ahora me siento más cómoda”.

Stephanía Navarrete entró por el proceso regular de admisión a Psicología. Sobre el ingreso, dice que “fue bacán, hubo una conferencia en la cual el personal administrativo se presentó, explicaron el funcionamiento de la U y del bus y luego de eso presentaron a los jefes de carrera y después, una reunión con cada con cada curso y la jefa de carrera”.

Lo acogedor del espacio es otro aspecto en que coinciden Stephanía, Pamela y Alejandro Rojas, profesor de la Universidad. “Las salas, al ser pequeñas, favorecen un ambiente, donde los profesores podemos supervisar de modo personalizado el aprendizaje de los alumnos”, señala el académico. Stephanía agrega algo más en relación a esto: “La jefa de carrera incluso nos dio su celular para cualquier inconveniente que tuviésemos. Es aperrada”.

Calidad Académica, Expansión y Alumnos

La sede Rancagua es un edificio de 2.000 metros cuadrados. Cuenta con salas más pequeñas en su primer piso, mientras que el segundo posee espacios más grandes, junto con los laboratorios de computación, idiomas, salud y una sala de conferencias. Para Stephanía, al lugar le falta más infraestructura. “Es un edificio muy chico para todas las carreras que tiene, le hace falta un aula magna para conferencias. Las salas del primer piso son chicas y eso afecta en como se desenvuelven los estudiantes”.

Los alumnos son diversos. Principalmente, provienen de Rancagua y de la VI Región y en su mayoría son mayores al promedio de edad que generalmente ingresa a las universidades. Son personas que ya tienen un título de otra institución y que quieren seguir otras carreras. Es el caso de Héctor, quién hace clases de perfeccionamiento minero a adultos y de alemán, idioma que internalizó en su estadía en Alemania durante el Régimen Militar.

Sobre la calidad académica, el profesor Alejandro Rojas afirma: “La calidad, en comparación con las universidades de Santiago, es similar. El problema es que son los alumnos quienes la subestiman, estando la mayoría de paso y no se motivan. Existe una creencia de que esta es una institución no muy confiable, pero eso no es tan así”.

Pamela señala al respecto: “En la Andrés Bello yo tenía una exigencia similar a la que tengo acá. En el ámbito de la calidad, la diferencia es casi nula”.

Para Rojas, la disposición que hay en los alumnos es muy importante: “Son muy atentos, opinan en las clases, hay un feedback muy ameno, que se favorece por el tamaño de las salas”. Si hay una diferencia con los alumnos de Santiago o Valparaíso, responde: “En lo práctico no hay ninguna, pero la disposición es mejor acá porque los cursos son más chicos”.

La cercanía que existe debido al espacio es otro punto favorable: “Lo positivo es que entre los diferentes estudiantes de las carreras que se imparten en la U hay bastante unidad, todos se tratan amablemente. También lo bueno es que estos te ayudan en materias que te cuestan como las ayudantías, les puedes pedir favores y ellos con mucha disposición te ayudan en ellas, claro de acuerdo al tiempo y la materia, además los profes en ciertos casos, no en todos, son muy cercanos a ti y cuando tienes problemas te entienden”, señala Stephanía. Por su parte, el profesor Rojas sostiene también que “hay una cultura institucional muy familiar entre todos los colegas, que permite una mayor colaboración a la hora de trabajar”.

Respecto a la formación, Stephanía y Pamela dicen: “Por lo que hemos escuchado de alumnos de cursos más avanzados, nosotros tenemos una base buena, por ejemplo con los ramos de años más adelantados, en cierta forma, no empezaron a tener desde su primer año una "base". Nosotros contamos con el ramo de personalidad, pero no puedes llegar y pasar a ese ramo sin antes tener una asignatura con esa base. La reforma curricular, en el caso de Psicología, fue muy positiva en comparación con la malla que tenía la Universidad de Rancagua”.

Rojas, en ese sentido afirma: “Las mallas que hay aquí en la Universidad son muy parecidas a las que hay en Santiago o Valparaíso, hay una buena base y eso va a jugar un papel fundamental cuando los estudiantes egresen”.

Si Rancagua es una buena opción para estudiar, Rojas apunta a que "es una universidad que está creciendo y que se preocupa constantemente por mejorar sus mallas, lo que es una característica muy positiva, además, por la poca cantidad de alumnos hay un trato muy cercano que beneficia el crecimiento personal del estudiante, con la ayuda de necesidades particulares. Además, se pueden utilizar metodologías de enseñanza que involucran directamente a los jóvenes. La Aconcagua tiene un sello que fomenta la participación activa en las clases y eso es un plus”.

Cuando llega el momento de hablar sobre los aspectos negativos de la institución, las opiniones son similares. “Si bien hay una discusión interna entre los profesores y alumnos en las salas de clases sobre como la universidad podría ser mejor, hace falta que estos temas se discutan a nivel de todas las carreras. La Aconcagua está preocupada por expandirse, ya se han estado reclutando estudiantes para que participen en la promoción de la universidad en la admisión 2009. Le falta crecer todavía, faltan mejores niveles de organización, pero los lazos formados entre los profesores y alumnos ya hacen venir eso”, manifiesta Rojas.

Por otro lado, Stephanía piensa que la institución debe fortalecer el ámbito deportivo porque “si bien hay espacio para realizar deportes, no hay una gran motivación, tanto de la Universidad como de los estudiantes. Además, hay suficiente espacio para dotar a la sede de mayor infraestructura deportiva, instancia que la U no ha aprovechado”.

Vida Universitaria

El poco número de alumnos de la Universidad de Aconcagua permite una convivencia acogedora entre los alumnos de todas las carreras. “Para el 18 hicimos una peña en la U y teníamos que hacer puestos, por lo que cada carrera se juntó e hizo un puesto con diferentes comidas”, señala Stephanía. Además, agrega que “es entrete porque conoces más estudiantes de tu carrera y ellos te van hablando como estudian, te dan su experiencias y de cierta manera, te aconsejan”.

La cena de aniversario de la Universidad fue otra instancia en la que compartieron: “Cuando hay eventos así se convierte en un momento que no pensabas iba a pasar, ya que como están todos los alumnos y profesores hablas hasta con gente que cotidianamente no lo haces y lo mismo pasa con los profes. Ese día, fue una experiencia súper grata”.

Las carreras también tienen sus propios asados o fiestas, momentos en los cuales se relajan del estrés o sino van a las áreas verdes o juegan fútbol en la cancha en competencia con las otras carreras, iniciativa que parte por los propios alumnos.

En comparación a lo que se vive en las ciudades universitarias tradicionales, Pamela dice: “Obviamente aquí es diferente, ya que cuando estaba en Viña nos juntábamos en los departamentos de mis compañeros y teníamos nuestros carretes, además, hay entretención que es en pos de los universitarios. Aquí, como cada uno se va a su casa y son la mayoría de la región, no es así, además que el lugar donde se ubica la U es lejos del centro y no hay muchos panoramas en los alrededores. Esperemos que en nuestro caso cambie el próximo año con el traslado de las carreras de salud al centro”.

No obstante, Pamela y Stephanía, a nivel general, manifiestan una clara disconformidad con las actitudes de algunos de sus compañeros: “Hay algunos que no aceptan que ya están en la U, con actitudes de inmadurez, por ejemplo, algunos conversan cuando el profe habla, entonces tienen comportamientos de niño chico”. Según Pamela, lo más lamentable es que “uno se esfuerza en apoyarlos, en explicarles si tienen dudas, pero no pescan. Incluso en una premiación que hicieron, me dieron el premio limón. La envidia es lo que más me ha chocado de la UAC, pero bueno, en todos lados hay personas de ese tipo”, se lamenta.

En su posición de académico, Alejandro Rojas expresa: “Faltan charlas a nivel universitario sobre las problemáticas de las diferentes carreras, en las que se debata y reflexiona, que, sin lugar a dudas, enriquecen la vida universitaria”.

“Más cerca, más tuya” es el eslogan de la institución. “A la universidad le veo futuro, se ve que seguirá creciendo, sin embargo, costará ya que Rancagua no se caracteriza por ser una ciudad universitaria. Pero todo va en el alumnado y en la parte académica de los profesores. La U está en un proceso de expansión y consolidación, incluso ni siquiera está inscrita como Universidad de Aconcagua, ya que tienen que pasar dos años. En los registros del Ministerio de Educación todavía somos Universidad de Rancagua”. Pero aún así y todo, Stephanía es optimista: “El proyecto académico es bueno y tiene futuro”.

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