Dos profesionales del mundo del animé en Chile desmitifican la típica imagen de los otakus como sujetos que sólo viven en son de los “monos chinos”. Saben para dónde va la micro, tienen opinión y ánimo de participar en una sociedad más justa.
Por: María Paz Donoso E.
Hemos visto en los últimos meses cómo las tribus urbanas se han apoderado de los medios. Punkies, góticos, skaters, reggaetoneros y en especial los pokemones se han expuesto en programas como el Diario de Eva o en el verano pasado en el matinal de TVN Buenos Días a Todos, mostrando sus gracias y coreografías. Los otakus y visuals no son la excepción.
¿Quiénes son los otakus?
No obstante, los o
takus han existido mucho antes de que se les catalogara como tribu urbana. Desde hace más de 10 años se han reunido en ciclos universitarios, donde cada semana veían series en el ya obsoleto VHS, las cuales ya eran difíciles de conseguir. No podemos dejar de mencionar, además, que la televisión abierta jugaba un rol fundamental en la difusión de dichas producciones. En los 80 Candy Candy estuvo de moda y en los 90, Saint Seiya, más conocida como Los Caballeros del Zodíaco, las sagas de Dragonball y Sailor Moon, series que la rompieron entre cientos de niños y jóvenes. Con el avance de la tecnología y la expansión de Internet, la difusión de la producción audiovisual nipona se hizo más accesible. Fansubbers, grupos de personas que subtitulan anime directamente del japonés, comenzaron a poner a disposición las últimas series en línea con su emisión en el país del sol naciente. Y así este especial hobbie fue creciendo en popularidad y masividad, para llegar a convertirse en una moda.
Con su invasiva propagación, se dieron a conocer, además, otras aristas de la cultura nipona, como el “visual kei”. De acuerdo a la definición dada por Nishibu, un blog en español e
specializado en el estudio de la cultura visual japonesa, corresponde a un “movimiento cultural caracterizado por el uso de looks de lo más excéntrico, sobrepasando a veces los límites de lo grotesco: El culto a la imagen llevado a sus extremos más freaks”. El artículo continúa con el origen del estilo, que fue a través de la música visual y tuvo su apogeo a fines de los 80’s y comienzos de los 90’s en las principales ciudades de Japón. El ejemplo más significativo es la banda X-Japan. Nishibu menciona, además, que “el visual kei forma parte ya de la juventud japonesa como una moda más: peinados punkies, kilos de maquillaje estrambótico y vestidos que van desde el cuero y el vinilo estilo sado-maso, hasta los más exquisitos vestidos de encaje sacados del Romanticismo europeo del siglo XVIII”. En Chile podemos ver a sus seguidores en los eventos de animé, destinados en sus inicios para los otakus, y en el conocido portal del Paseo Ahumada, Eurocentro.
Entre los otakus y los amantes del visual kei se han producido confusiones que tienen que ver con meterlos dentro del mismo saco, ya que ambos grupos son adeptos del animé; no obstante, tienen sus diferencias. El visual kei, cuyas características ya han sido descritas, se distingue por separado del otaku, ya que éste es ñoño: ama las historietas niponas, el animé y los videojuegos, pero sin caer en un look extravagante.
En Chile durante mucho tiempo han existido grandes controversias en torno al tema del manga y del anime. Se les ha criticado por su excesiva violencia y sus adeptos son mirados como seres extraños, que lo único que piensan es en vivir una vida como la que se da en los dibujos de animé y todo lo que hacen va en son de ello. Últimamente, sus éxtasis más grandes son los concursos de cosplay, en otras palabras, personas que se disfrazan de sus personajes favoritos ya sean de animé o juegos.
Las excepciones
Si bien puede ser verdad en muchos casos, hay muchas excepciones que rompen esta regla de que los otakus son sujetos que no tienen un futuro por delante. Carlos Flores es Ingeniero en ejecución en informática y trabaja para la empresa Soluciones Integrales S.A. Organizó un ciclo de animación con Setsuna, líder de Otaku Yakuza, grupo que produce la mayor convención de a
nimé en el país, Animé Festival, y fue miembro de Shin Otaku Fansub, que posteriormente se disolvió. En estos momentos es administrador del foro de Salomé Anjarí, cantante idol chilena que canta covers de las canciones de las series más populares entre el público otaku. Para Carlos el animé es un pasatiempo. “Mi experiencia viendo animé ha sido bastante buena, pues entiendo que la animación japonesa es un hobby más entre muchos, que tienen un sitio en mis pensamientos, pero dándoles el tiempo justo, no obsesionándome. Tengo mis jerarquías claras, ya que uno es un profesional ante todo”.
Especial es el caso de Juan Andrés Saavedra. Diseñador gráfico, trabaja de forma independiente dando respuestas a problemas de comunicación visual que involucren una fuerte carga ilustrativa de alto grado figurativo, como diseño e ilustración para la industria editorial, de publicidad y web en su sitio invasor.cl. En el mundo chileno del manga-animé es el representante, d
iseñador, director de arte y gestor de Salomé Anjarí, Jessica Toledo, ByS Revolution y 2thelight. Para él, compatibilizar la experiencia de ver animé y el trabajo van súper de la mano. “Soy comunicador y todo lo japonés es un referente para mí, en general todo lo ñoño. Incluso, ya he tenido la oportunidad de dibujar profesionalmente para diferentes editoriales de Estados Unidos. Mi lado otaku es de modo directo mi pega”.
El animé, sin lugar a dudas, ha influido en la vida cotidiana y personal de Carlos y Juan Andrés. “El animé me ha dado un punto de vista más humano sobre distintas temáticas de la vida, a una edad en la cual aun me estaba formando. Los japoneses, debido a los sucesos socioculturales que han enfrentado, como Hiroshima, tienen un punto de vista distinta, mas real, que me ha ayudado mucho a comprender el mundo con todo lo bueno y también lo malo” manifiesta Carlos.
En tanto, el webmaster de invasor.cl señala que “mi profesión es ser ñoño y otaku a la vez, no es como que trabaje en una oficina algo administrativo y después al llegar a la casa tengo mi
espacio friki. El animé, además de ser uno de mis medios de entretenimiento favorito, me forma como profesional, ya que son los espacios y mercados que solicitan mis servicios. Aunque suene excusa para ver mucho anime, yo siempre estoy al tanto y poniéndome al día de que es 'lo que pega' básicamente por un tema de entender el mercado. Soy un estudioso de la cultura visual japonesa a nivel profesional, pero a modo personal, es mi pasatiempo. Soy como un futbolista que se gana la vida haciendo lo que le gusta”.
Si hay que establecer diferencias respecto a otras tribus urbanas, Carlos dice que “lo que marca un quiebre es la antigüedad, que a su vez la provee de un mayor sustento, por lo mismo, no es pasajera como otras, tiene una base formada, por ejemplo muchos mangakas son reconocidos mundialmente, incluso siendo premiados con el Óscar como Hayao Miyazaki con El Viaje de Chihiro. Nunca he visto ganar un premio que involucre intelectualidad a Daddy Yankee”. Por otro lado, Juan Andrés señala al respecto que “algo tan así como para diferenciarla de otra tribu sería caer en detalles, pero más que nada y dentro de mi propia perspectiva, por muy limitada que pudiera ser, es que el otaku tiene un fuerte sentido del consumismo y el coleccionismo más presente e intenso que en otras tribus”.
La fuerte expansión en los últimos años del anime vía la Web 2.0 ha expandido el merchandising a niveles insos
pechados. Es común ver bolsos repletos de “chapitas con monos chinos”, según la percepción de la gente y también que existan muchos jóvenes que ven animé sólo por el boom de la cultura nipona. Es esto lo que ha originado frases como “Un otaku no se hace, se nace”. Juan Andrés y Carlos comparten plenamente esta visión. “El fan de verdad permanece interesado en el tema y el otro pronto lo dejará cuando pase su moda”, indica el primero. No obstante, el segundo es más radical y hace una analogía: “Es la misma que existe entre un empresario exitoso con estudios, y alguien que obtuvo el dinero ganándose el Kino. Los otakus provienen de antes, donde no había Internet, por lo cual uno debía si o si tener hambre de conocimiento, pasar por el proceso de adquisición de éste, que te hacia madurar. Los chapita obtienen todo digerido, no piensan, solo están allí en base a cosas demasiado pasajeras”
Sociedad intolerante v/s nuevos espacios de integración
Ya hemos dicho que el público que ve anime, ya sean otakus, o parte de la nueva oleada de visuals, son mirados de manera extraña, que sólo se aíslan en su mundo de cantantes nipones e historias de la más diversa índole. Según Carlos, esto se debe a “porque simplemente vivimos en una sociedad intolerante, en la cual si eres distinto, estás mal. La única opción de compartir lo que sientes, es buscar gente que piense como tú. En Europa vemos góticas caminando por la calle y es pan de cada día, en cambio acá toda la gente se da vuelta, lo que demuestra que vivimos en un país que aun es, y seguirá siendo subdesarrollado”.
Juan Andrés piensa lo contrario: “No comparto esa visión. Siento que en mis tiempos existía ese aspecto de encierro, que a los eventos solo iba la gente con problemas de comunicación social, muy tímidos, etc. pero ahora los adolescentes que van a eventos son de otro perfil mas "normal", socialmente hablando. Si bien hay casos de gente aislada yo considero que es el espectro menor de gente por lo cual no es lo que marca el actual escenario.”
La conciencia cívica y la falta de interés en los temas que involucran a la sociedad es otra imagen que marca a los amantes de la animación nipona. Para Juan Andrés, el problema es generalizado. “Si el grueso de los otakus aquí en Chile son adolescentes es obvio que no les interesen esos temas, no sucede solo en este medio, sino a nivel general. Los jóvenes no están ni ahí con el tema”.
Carlos atribuye las causas de la falta de participación a la intolerancia: “Cómo les
podría interesar un sistema que no los acepta y no recoge sus inquietudes. Son mirados con extrañeza, debido a que tienen hobbies que no son hablar de futbol todo el día, o hacer asados con melón y vino sin polera los domingos para ver el partido”
Futuro y espíritu emprendedor
Si ver monos chinos todo el día es la culpa de que se crea que los otakus no tienen futuro en el sistema, en muchos casos, es equivocado. “Ser profesional y querer emprender no es tema de si eres otaku o no. Depende de cada persona, el anime no tiene ninguna relación”, opina Juan Andrés.
Si el animé y la cultura nipona es una forma de vida para muchos, Carlos expresa que “cuando uno no esta contento con la vida que tiene, finge vivir otra, y esto explica sobremanera las conductas de la juventud actual, que no están conformes, pues son rebeldes, producto de la mentalidad que nos impone el libre mercado. Es un problema a nivel general, no sólo de algunos que ven animé”.
Además, agrega que “somos el país con más tribus urbanas, lo que demuestra claramente la falta de identidad de los jóvenes, quienes son altamente influenciables, esto también producto de la falta de preocupación de los padres, que no les dan una base sólida a sus hijos. Muchos padres de sueldos millonarios, son personas ocupadas, con nulo tiempo para cuidar a sus hijos, quienes quedan expuestos a la sociedad en su conjunto. En cambio, cuando en una familia se maneja buen nivel intelectual, se instruye al muchacho desde pequeño para saber pensar, esto debe hacerlo la familia, no sacas mucho pagando un colegio de 300 mil pesos si no vas a acompañar a tu hijo en el proceso de formación de carácter”.
Carlos también insiste en que las instancias emprendedoras van por iniciativa propia. “Para muchos jóvenes el ser profesional o alguien en la vida no es prioridad, si fuese así no existiría tanta pobreza y vagancia. Lo único que diferencia a un otaku de los jóvenes promedios, es que tienen una afición distinta, el ser otaku no te predispone a ser profesional o un fracasado”.
Por otro lado, Juan Andrés considera muy importante la participación ya que “sin ella no puedes hacer nada. Por ejemplo, dentro de mi área, me preocupa construir y proyectar mi especialidad en Chile. Recién di una charla en una convención de ilustración y emprendimientos, ese tipo de actividades construyen, desarrollan y mejoran las condiciones de los profesionales donde me desempeño.”
“Quien no tiene conocimiento ni se interesa por lo que pasa en su entorno, no puede opinar, entonces no contribuye a una sociedad mejor. Y eso es fundamental” expresa Carlos.
La oleada de visuals y chapitas: ¿Apertura de mente o mala imagen del otaku?
El fenómeno del visual kei no deja indiferente a nadie. Han invadido los eventos de animé y cada vez más hay espectáculos y merchandising especialmente para ellos, como discos de los grupos An Cafe,
Dir en Grey y la presentación del artista japonés Miyavi en mayo pasado en el Teatro Teletón. La percepción que tienen los medios al confundir a visuals y otakus como lo mismo molesta a muchos seguidores de ambas corrientes, sin embargo, hay opiniones encontradas acerca de su irrupción. Juan Andrés no está en su contra. “Me gustan todos esos tipos de manifestaciones culturales. Soy openmind, me encanta la cultura pop”.
Por el contrario, Carlos opina que por culpa de ellos y a los chapitas se ha intensificado la mala imagen de los fanáticos de la animación japonesa. “Esto debemos agradecerlos a los chapitas, que institucionalizaron que el ser otaku es vestirse de negro y ser gay. No revelare identidades, pero conozco gerentes de mega corporaciones chilenas que son otakus y allí los tienes, exitosos, algunos son padres de familia. El problema es que esta sociedad que no piensa por sí misma, sino por lo que le dicen los medios, que aún cree que los chapitas son otakus y generalizan”.
Carlos finaliza con que la culpa es compartida. “Aquí tenemos un público demasiado pasivo, no analiza nada, cree todo lo que los medios les dicen, por lo mismo, Chile está a años luz de ser un país desarrollado”.
Con su invasiva propagación, se dieron a conocer, además, otras aristas de la cultura nipona, como el “visual kei”. De acuerdo a la definición dada por Nishibu, un blog en español e
specializado en el estudio de la cultura visual japonesa, corresponde a un “movimiento cultural caracterizado por el uso de looks de lo más excéntrico, sobrepasando a veces los límites de lo grotesco: El culto a la imagen llevado a sus extremos más freaks”. El artículo continúa con el origen del estilo, que fue a través de la música visual y tuvo su apogeo a fines de los 80’s y comienzos de los 90’s en las principales ciudades de Japón. El ejemplo más significativo es la banda X-Japan. Nishibu menciona, además, que “el visual kei forma parte ya de la juventud japonesa como una moda más: peinados punkies, kilos de maquillaje estrambótico y vestidos que van desde el cuero y el vinilo estilo sado-maso, hasta los más exquisitos vestidos de encaje sacados del Romanticismo europeo del siglo XVIII”. En Chile podemos ver a sus seguidores en los eventos de animé, destinados en sus inicios para los otakus, y en el conocido portal del Paseo Ahumada, Eurocentro.Entre los otakus y los amantes del visual kei se han producido confusiones que tienen que ver con meterlos dentro del mismo saco, ya que ambos grupos son adeptos del animé; no obstante, tienen sus diferencias. El visual kei, cuyas características ya han sido descritas, se distingue por separado del otaku, ya que éste es ñoño: ama las historietas niponas, el animé y los videojuegos, pero sin caer en un look extravagante.
En Chile durante mucho tiempo han existido grandes controversias en torno al tema del manga y del anime. Se les ha criticado por su excesiva violencia y sus adeptos son mirados como seres extraños, que lo único que piensan es en vivir una vida como la que se da en los dibujos de animé y todo lo que hacen va en son de ello. Últimamente, sus éxtasis más grandes son los concursos de cosplay, en otras palabras, personas que se disfrazan de sus personajes favoritos ya sean de animé o juegos.
Las excepciones
Si bien puede ser verdad en muchos casos, hay muchas excepciones que rompen esta regla de que los otakus son sujetos que no tienen un futuro por delante. Carlos Flores es Ingeniero en ejecución en informática y trabaja para la empresa Soluciones Integrales S.A. Organizó un ciclo de animación con Setsuna, líder de Otaku Yakuza, grupo que produce la mayor convención de a
nimé en el país, Animé Festival, y fue miembro de Shin Otaku Fansub, que posteriormente se disolvió. En estos momentos es administrador del foro de Salomé Anjarí, cantante idol chilena que canta covers de las canciones de las series más populares entre el público otaku. Para Carlos el animé es un pasatiempo. “Mi experiencia viendo animé ha sido bastante buena, pues entiendo que la animación japonesa es un hobby más entre muchos, que tienen un sitio en mis pensamientos, pero dándoles el tiempo justo, no obsesionándome. Tengo mis jerarquías claras, ya que uno es un profesional ante todo”.Especial es el caso de Juan Andrés Saavedra. Diseñador gráfico, trabaja de forma independiente dando respuestas a problemas de comunicación visual que involucren una fuerte carga ilustrativa de alto grado figurativo, como diseño e ilustración para la industria editorial, de publicidad y web en su sitio invasor.cl. En el mundo chileno del manga-animé es el representante, d
El animé, sin lugar a dudas, ha influido en la vida cotidiana y personal de Carlos y Juan Andrés. “El animé me ha dado un punto de vista más humano sobre distintas temáticas de la vida, a una edad en la cual aun me estaba formando. Los japoneses, debido a los sucesos socioculturales que han enfrentado, como Hiroshima, tienen un punto de vista distinta, mas real, que me ha ayudado mucho a comprender el mundo con todo lo bueno y también lo malo” manifiesta Carlos.
En tanto, el webmaster de invasor.cl señala que “mi profesión es ser ñoño y otaku a la vez, no es como que trabaje en una oficina algo administrativo y después al llegar a la casa tengo mi
Si hay que establecer diferencias respecto a otras tribus urbanas, Carlos dice que “lo que marca un quiebre es la antigüedad, que a su vez la provee de un mayor sustento, por lo mismo, no es pasajera como otras, tiene una base formada, por ejemplo muchos mangakas son reconocidos mundialmente, incluso siendo premiados con el Óscar como Hayao Miyazaki con El Viaje de Chihiro. Nunca he visto ganar un premio que involucre intelectualidad a Daddy Yankee”. Por otro lado, Juan Andrés señala al respecto que “algo tan así como para diferenciarla de otra tribu sería caer en detalles, pero más que nada y dentro de mi propia perspectiva, por muy limitada que pudiera ser, es que el otaku tiene un fuerte sentido del consumismo y el coleccionismo más presente e intenso que en otras tribus”.
La fuerte expansión en los últimos años del anime vía la Web 2.0 ha expandido el merchandising a niveles insos
Sociedad intolerante v/s nuevos espacios de integración
Ya hemos dicho que el público que ve anime, ya sean otakus, o parte de la nueva oleada de visuals, son mirados de manera extraña, que sólo se aíslan en su mundo de cantantes nipones e historias de la más diversa índole. Según Carlos, esto se debe a “porque simplemente vivimos en una sociedad intolerante, en la cual si eres distinto, estás mal. La única opción de compartir lo que sientes, es buscar gente que piense como tú. En Europa vemos góticas caminando por la calle y es pan de cada día, en cambio acá toda la gente se da vuelta, lo que demuestra que vivimos en un país que aun es, y seguirá siendo subdesarrollado”.
Juan Andrés piensa lo contrario: “No comparto esa visión. Siento que en mis tiempos existía ese aspecto de encierro, que a los eventos solo iba la gente con problemas de comunicación social, muy tímidos, etc. pero ahora los adolescentes que van a eventos son de otro perfil mas "normal", socialmente hablando. Si bien hay casos de gente aislada yo considero que es el espectro menor de gente por lo cual no es lo que marca el actual escenario.”
La conciencia cívica y la falta de interés en los temas que involucran a la sociedad es otra imagen que marca a los amantes de la animación nipona. Para Juan Andrés, el problema es generalizado. “Si el grueso de los otakus aquí en Chile son adolescentes es obvio que no les interesen esos temas, no sucede solo en este medio, sino a nivel general. Los jóvenes no están ni ahí con el tema”.
Carlos atribuye las causas de la falta de participación a la intolerancia: “Cómo les
podría interesar un sistema que no los acepta y no recoge sus inquietudes. Son mirados con extrañeza, debido a que tienen hobbies que no son hablar de futbol todo el día, o hacer asados con melón y vino sin polera los domingos para ver el partido”Futuro y espíritu emprendedor
Si ver monos chinos todo el día es la culpa de que se crea que los otakus no tienen futuro en el sistema, en muchos casos, es equivocado. “Ser profesional y querer emprender no es tema de si eres otaku o no. Depende de cada persona, el anime no tiene ninguna relación”, opina Juan Andrés.
Si el animé y la cultura nipona es una forma de vida para muchos, Carlos expresa que “cuando uno no esta contento con la vida que tiene, finge vivir otra, y esto explica sobremanera las conductas de la juventud actual, que no están conformes, pues son rebeldes, producto de la mentalidad que nos impone el libre mercado. Es un problema a nivel general, no sólo de algunos que ven animé”.
Además, agrega que “somos el país con más tribus urbanas, lo que demuestra claramente la falta de identidad de los jóvenes, quienes son altamente influenciables, esto también producto de la falta de preocupación de los padres, que no les dan una base sólida a sus hijos. Muchos padres de sueldos millonarios, son personas ocupadas, con nulo tiempo para cuidar a sus hijos, quienes quedan expuestos a la sociedad en su conjunto. En cambio, cuando en una familia se maneja buen nivel intelectual, se instruye al muchacho desde pequeño para saber pensar, esto debe hacerlo la familia, no sacas mucho pagando un colegio de 300 mil pesos si no vas a acompañar a tu hijo en el proceso de formación de carácter”.
Carlos también insiste en que las instancias emprendedoras van por iniciativa propia. “Para muchos jóvenes el ser profesional o alguien en la vida no es prioridad, si fuese así no existiría tanta pobreza y vagancia. Lo único que diferencia a un otaku de los jóvenes promedios, es que tienen una afición distinta, el ser otaku no te predispone a ser profesional o un fracasado”.
Por otro lado, Juan Andrés considera muy importante la participación ya que “sin ella no puedes hacer nada. Por ejemplo, dentro de mi área, me preocupa construir y proyectar mi especialidad en Chile. Recién di una charla en una convención de ilustración y emprendimientos, ese tipo de actividades construyen, desarrollan y mejoran las condiciones de los profesionales donde me desempeño.”
“Quien no tiene conocimiento ni se interesa por lo que pasa en su entorno, no puede opinar, entonces no contribuye a una sociedad mejor. Y eso es fundamental” expresa Carlos.
La oleada de visuals y chapitas: ¿Apertura de mente o mala imagen del otaku?
El fenómeno del visual kei no deja indiferente a nadie. Han invadido los eventos de animé y cada vez más hay espectáculos y merchandising especialmente para ellos, como discos de los grupos An Cafe,
Por el contrario, Carlos opina que por culpa de ellos y a los chapitas se ha intensificado la mala imagen de los fanáticos de la animación japonesa. “Esto debemos agradecerlos a los chapitas, que institucionalizaron que el ser otaku es vestirse de negro y ser gay. No revelare identidades, pero conozco gerentes de mega corporaciones chilenas que son otakus y allí los tienes, exitosos, algunos son padres de familia. El problema es que esta sociedad que no piensa por sí misma, sino por lo que le dicen los medios, que aún cree que los chapitas son otakus y generalizan”.
Carlos finaliza con que la culpa es compartida. “Aquí tenemos un público demasiado pasivo, no analiza nada, cree todo lo que los medios les dicen, por lo mismo, Chile está a años luz de ser un país desarrollado”.
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