Por: Nicolás Barrera R.
La decoración tricolor de los locales comerciales nos recuerda que estamo
s ad portas de un nuevo aniversario patrio. Millones de chilenos piensan en los asados que comerán, las fondas que visitarán y las tan esperadas vacaciones que se tomarán. Pero para un grupo de personas, septiembre tiene otro significado. El mundo musulmán vive una de sus experiencias religiosas más importantes: el mes del Ramadán. De sol a sol, desde el alba al atardecer, durante 30 días, tienen que ayunar y sus vidas giran, como en ningún otro mes, en torno a Allah. Solo bajo el cobijo de la oscuridad de la noche pueden ingerir alimento.
Para Mustafá Ustán es el cuarto año que celebra este mes en Chile. Nacido en Turquía, llegó a nuestro país por asuntos laborales. Al momento de hablar de religión, su devoción por Allah se mezcla en una sinergia con su otra gran pasión: la historia. No en vano es Licenciado en Historia de la Universidad de Estambul. Con su característica elocuencia, y en un entendible español, explica que el ayuno es uno de los cinco pilares del Islam. “El ayuno tiene un lugar muy importante en el Islam. Es entre Dios y el hombre. No es un acto visual, porque uno puede decir ‘yo estoy ayunando’, pero escondido puede comer, beber…solo Dios lo ve. Entonces, es un ayuno más espiritual, más importante”.
Con la novena luna nueva del año, los musulmanes empiezan a cumplir las obligaciones de la fe. El motivo teológico para que el Ramadán sea tan importante se debe a que la revelación del Corán empezó y terminó en este mes.
En teoría el Corán no es un equivalente a la Biblia, debido a que el primero fue escrito directamente por Dios y transmitido al profeta Mohammed por medio del arcángel Gabriel, mientras que el texto sagrado de los católicos es el fruto de la mano del hombre.
El primer ayuno del musulmán va de la mano con la primera menstruación de las niñas, sumado a que deben tapar sus cabezas con el velo. En el caso de lo varones, la edad para empezar a cumplir con las labores de la religión, bordea a los 10 - 11 años. El caso de Mustafá es muy particular. “Antes de esa edad no se tiene la responsabilidad. No es obligación hacer oración ni ayunar, pero yo recuerdo de mi vida que cuando venía el mes Ramadán todo el mundo lo sentía. Se es feliz, todo está feliz porque es un mes para salvarse, para acercar a Dios. Las ciudades, las mezquitas, las casas, todo el mundo siente que ya llegó el Ramadán.”
“Yo sentía que llegó el mes. La gente va más a la mezquita, reza más y recita el Corán. ‘El mes del Corán’ le decimos nosotros. Entonces tenía 6 - 7 años, no es obligación ayunar y mi familia no quería despertarme porque tenía que ir al colegio y todavía era débil, no tenía responsabilidad de religión todavía. Mi mamá no quería sacrificarme, no quería despertarme, pero yo quería despertar y participar con ellos. Hay un ambiente muy lindo y en ese mes, en el mundo islámico, hay una persona que tiene una banda, especialmente para despertar y levantar a la gente. Esa es una antigua costumbre. A veces yo la escuchaba y mi mamá no quería despertarme, pero yo prestaba atención para poder levantarme e incluso programaba el reloj despertador. Estaba muy feliz porque, a eso de las cuatro de la mañana, toda la familia come. Es muy sencillo y no es tanto como una comida en sí. Me sentía muy feliz. A veces no podía ayunar, pero hasta las 12 del día lo podía hacer, pero ese
no es un ayuno en sí. Para acostumbrar (a los niños) la familia a veces dice ‘ayuna hasta el almuerzo’, aunque eso no vale. Generalmente las mamás no quieren que los niños se sacrifiquen en este tiempo”.
A pesar de que todo musulmán tiene que ayunar, la religión es flexible con los enfermos, niños y mujeres que están en su periodo menstrual.
En Turquía la vida gira en torno al Ramadán, pero Ustán deja en claro que ese país tiene un Estado completamente laico. En Estambul los restaurantes cierran durante todo el periodo de ayuno y abren después del atardecer, durante la noche. Eso sí, se exceptúan a la regla aquellos recintos que están ubicados en la zona turística de la ciudad.
“Las municipalidades abren carpas para toda la gente, a modo de restaurantes públicos. Hacen comida cada día y un empresario hace comida, la pone allá y (la gente) come. Casi en todas las ciudades hay”. Además, agrega que “durante el Ramadán, la televisión hace programas especiales para el mes. Los diarios, las revistas…todo (es especial). Los supermercados bajan sus precios y todo cambia…viene más alimentos y más frutas. Importan más por si se tiene más hambre y se quiere comer más cosas, pero nunca se come más. El Estado solo agradece, porque es un Estado laico”.
En los años que lleva Ustán en Chile, se ha podido adaptar para vivir el Islam y sus pilares, en una sociedad donde prima la cruz de Cristo.
"Nos hemos acostumbrado a esta cultura. Como el mes cambia de año a año, en Chile lo hemos visto. Por eso tenemos canales en Internet, vemos algunos programas de Turquía. A veces vamos a la mezquita, que no nos representa como nuestra cultura, pero es parecido y nos han acogido. No nos cae muy bien, pero no tenemos tanta ventaja para vivir el Ramadán como el que hemos vivido en Turquía. El primer año me hizo sentir mal, porq
ue estaba solo y nadie me comprendía. Si uno ve que están todos ayunando, es mejor. No me costó mucho, pero me complicó por no estar con mi familia. Después me casé y tengo compañía, encontré amigos chilenos. Para vivir este mes, para revivir lo que sentíamos en Turquía, los invitamos a igual hora, no están ayunando, pero ellos nos respetan y vienen a cenar con nosotros”.
Poco tiempo le queda para salir del colegio a Luz María Cuevas. Tiene 18 años y hace uno que se convirtió en musulmana, acto que hizo por opción propia ha mediados de septiembre del 2007. La gente la mira cuando camina por la calle, ya que el yihab que lleva en su cabeza la diferencia del resto de los transeúntes, llamando la atención de los chilenos. El mes del Ramadán lo ha vivido entre los deberes del colegio en donde estudia, el Concordia, y los mandamientos de la fe.
“Aunque este es el segundo, es como mi primer mes (del Ramadán). El año pasado no le tomé el peso que tenía, ayunaba a veces y otras no. Este es el primero porque estoy cumpliendo como tiene que ser. Mi primer Ramadán me ha gustado mucho y es un mes que te llena el corazón”, cuenta la joven.
Durante este mes, tan especial para los musulmanes, su relación con Allah es distinta que en el resto del año, ahora es mucho más cercana. Nur Mariam, la traducción de su nombre al árabe, cuenta que “me siento más conectada con Dios. Se dice que el mes del Ramadán es el único que te pide Dios, por que todos los demás cuatro pilares son para ti, para estar bien aquí o para construir tu lugar en el otro mundo. Al hacerlo te sientes feliz por estar cumpliendo con tu deber. Además, uno siente en el cuerpo el ayuno. Te sientes más liviana, más pura, de cierto modo”. Además, comenta que el ayunar trae beneficios divinos. “El ayuno te trae bendiciones. Hay días en que llegan ángeles y reciben mejor tus peticiones. Si uno ayuna y no hace las otras cosas, no se saca nada porque no estás cumpliendo tus otros deberes”.
Al igual que para cualquier mortal, Nur Mariam tuvo un gran desafío al combatir los deseos mundanos por el amor que siente por Allah. “Al principio costaba mucho poder soportar las tentaciones. Cuando empecé el Ramadán estaba en el colegio y mis compañeros estaban comiendo las colaciones y en el kiosco vendían hamburguesas, completos y el olor te tienta. El segundo día es más fácil, porque tienes más autocontrol sobre ti. Piensas ‘esto ya lo comí, ya se lo que es y no lo n
ecesito ahora’. Además, estás haciendo algo por Dios y muchas cosas te va a dar, que tu dices ‘tengo que hacer esto’”.
En fiestas patrias los chilenos comen empandas y asados. Para Nur Marian la fecha conlleva reforzar su templanza para no caer en alguna tentación alimenticia. “El dieciocho lo podemos celebrar haciendo unas empanadas y esperar hasta la tarde para comer. Pero estás viendo comerciales y aparece un asado, una empanada, lo que hace que te den ganas de comer. Te tientas un poco, pero como tienes el autocontrol definido dices ‘ya, filo. Después’. Lo difícil es cuando va a algún lado y te dicen ‘¿quieres comer o tomar algo?’. Tu dices que no y tienes que explicar que estás ayunando”….eso sí, con el calor da mucha sed, pero después se pasa”.
Dicen que ser mujer es difícil, porque tienen que cumplir una infinidad de roles diferentes a le vez. Eso lo tiene claro Luz María Cuevas, quien ha tenido que adaptarse a comer solo de noche y seguir con su vida normal durante el día.
“El Ramadán ha cambiado mi rutina. Uno no está acostumbrado a levantarse a comer a las cuatro de la mañana y tampoco a comer nada durante el día. Llegaba del colegio, almorzaba y salía a hacer mis cosas. Ahora es llegar, hacer mis cosas al tiro, sin comer, esperar para hacer comida, con el fin de romper el ayuno en la tarde. Te cambia todo. No es que te da vuelta y te deja la embarrada (en tu cuerpo), pero hay cosas que no estás acostumbrado a hacer, pero tienes que hacerlas. En el colegio no ha cambiado mi rendimiento por el ayuno, pero quizás estoy un poquito más dormilona (risas). En la mañana amanezco bien, pero en la tarde ya se me empiezan a agotar las baterías. Cuando rompes el ayuno se recargan de nuevo”.
Para los musulmanes el Ramadán es un mes en que el espíritu doblega al cuerpo; en el que lo santo vence a lo profano. Con una admirable fuerza de voluntad luchan día a día para mantener el ayuno, ese mínimo acto que les brindará los beneficios divinos. Mientras las revistas de los supermercados nos bombardean con los precios de las carnes y las empanadas, ellos están pensando en la salvación de sus espíritus. En estos días Allah no es un ser lejano, sino que es un cómplice, testigo presencial del sacrificio de sus hijos en pos de la honra divina.
Con la novena luna nueva del año, los musulmanes empiezan a cumplir las obligaciones de la fe. El motivo teológico para que el Ramadán sea tan importante se debe a que la revelación del Corán empezó y terminó en este mes.
En teoría el Corán no es un equivalente a la Biblia, debido a que el primero fue escrito directamente por Dios y transmitido al profeta Mohammed por medio del arcángel Gabriel, mientras que el texto sagrado de los católicos es el fruto de la mano del hombre.
El primer ayuno del musulmán va de la mano con la primera menstruación de las niñas, sumado a que deben tapar sus cabezas con el velo. En el caso de lo varones, la edad para empezar a cumplir con las labores de la religión, bordea a los 10 - 11 años. El caso de Mustafá es muy particular. “Antes de esa edad no se tiene la responsabilidad. No es obligación hacer oración ni ayunar, pero yo recuerdo de mi vida que cuando venía el mes Ramadán todo el mundo lo sentía. Se es feliz, todo está feliz porque es un mes para salvarse, para acercar a Dios. Las ciudades, las mezquitas, las casas, todo el mundo siente que ya llegó el Ramadán.”
“Yo sentía que llegó el mes. La gente va más a la mezquita, reza más y recita el Corán. ‘El mes del Corán’ le decimos nosotros. Entonces tenía 6 - 7 años, no es obligación ayunar y mi familia no quería despertarme porque tenía que ir al colegio y todavía era débil, no tenía responsabilidad de religión todavía. Mi mamá no quería sacrificarme, no quería despertarme, pero yo quería despertar y participar con ellos. Hay un ambiente muy lindo y en ese mes, en el mundo islámico, hay una persona que tiene una banda, especialmente para despertar y levantar a la gente. Esa es una antigua costumbre. A veces yo la escuchaba y mi mamá no quería despertarme, pero yo prestaba atención para poder levantarme e incluso programaba el reloj despertador. Estaba muy feliz porque, a eso de las cuatro de la mañana, toda la familia come. Es muy sencillo y no es tanto como una comida en sí. Me sentía muy feliz. A veces no podía ayunar, pero hasta las 12 del día lo podía hacer, pero ese
no es un ayuno en sí. Para acostumbrar (a los niños) la familia a veces dice ‘ayuna hasta el almuerzo’, aunque eso no vale. Generalmente las mamás no quieren que los niños se sacrifiquen en este tiempo”.A pesar de que todo musulmán tiene que ayunar, la religión es flexible con los enfermos, niños y mujeres que están en su periodo menstrual.
En Turquía la vida gira en torno al Ramadán, pero Ustán deja en claro que ese país tiene un Estado completamente laico. En Estambul los restaurantes cierran durante todo el periodo de ayuno y abren después del atardecer, durante la noche. Eso sí, se exceptúan a la regla aquellos recintos que están ubicados en la zona turística de la ciudad.
“Las municipalidades abren carpas para toda la gente, a modo de restaurantes públicos. Hacen comida cada día y un empresario hace comida, la pone allá y (la gente) come. Casi en todas las ciudades hay”. Además, agrega que “durante el Ramadán, la televisión hace programas especiales para el mes. Los diarios, las revistas…todo (es especial). Los supermercados bajan sus precios y todo cambia…viene más alimentos y más frutas. Importan más por si se tiene más hambre y se quiere comer más cosas, pero nunca se come más. El Estado solo agradece, porque es un Estado laico”.
En los años que lleva Ustán en Chile, se ha podido adaptar para vivir el Islam y sus pilares, en una sociedad donde prima la cruz de Cristo.
"Nos hemos acostumbrado a esta cultura. Como el mes cambia de año a año, en Chile lo hemos visto. Por eso tenemos canales en Internet, vemos algunos programas de Turquía. A veces vamos a la mezquita, que no nos representa como nuestra cultura, pero es parecido y nos han acogido. No nos cae muy bien, pero no tenemos tanta ventaja para vivir el Ramadán como el que hemos vivido en Turquía. El primer año me hizo sentir mal, porq
ue estaba solo y nadie me comprendía. Si uno ve que están todos ayunando, es mejor. No me costó mucho, pero me complicó por no estar con mi familia. Después me casé y tengo compañía, encontré amigos chilenos. Para vivir este mes, para revivir lo que sentíamos en Turquía, los invitamos a igual hora, no están ayunando, pero ellos nos respetan y vienen a cenar con nosotros”. Poco tiempo le queda para salir del colegio a Luz María Cuevas. Tiene 18 años y hace uno que se convirtió en musulmana, acto que hizo por opción propia ha mediados de septiembre del 2007. La gente la mira cuando camina por la calle, ya que el yihab que lleva en su cabeza la diferencia del resto de los transeúntes, llamando la atención de los chilenos. El mes del Ramadán lo ha vivido entre los deberes del colegio en donde estudia, el Concordia, y los mandamientos de la fe.
“Aunque este es el segundo, es como mi primer mes (del Ramadán). El año pasado no le tomé el peso que tenía, ayunaba a veces y otras no. Este es el primero porque estoy cumpliendo como tiene que ser. Mi primer Ramadán me ha gustado mucho y es un mes que te llena el corazón”, cuenta la joven.
Durante este mes, tan especial para los musulmanes, su relación con Allah es distinta que en el resto del año, ahora es mucho más cercana. Nur Mariam, la traducción de su nombre al árabe, cuenta que “me siento más conectada con Dios. Se dice que el mes del Ramadán es el único que te pide Dios, por que todos los demás cuatro pilares son para ti, para estar bien aquí o para construir tu lugar en el otro mundo. Al hacerlo te sientes feliz por estar cumpliendo con tu deber. Además, uno siente en el cuerpo el ayuno. Te sientes más liviana, más pura, de cierto modo”. Además, comenta que el ayunar trae beneficios divinos. “El ayuno te trae bendiciones. Hay días en que llegan ángeles y reciben mejor tus peticiones. Si uno ayuna y no hace las otras cosas, no se saca nada porque no estás cumpliendo tus otros deberes”.
Al igual que para cualquier mortal, Nur Mariam tuvo un gran desafío al combatir los deseos mundanos por el amor que siente por Allah. “Al principio costaba mucho poder soportar las tentaciones. Cuando empecé el Ramadán estaba en el colegio y mis compañeros estaban comiendo las colaciones y en el kiosco vendían hamburguesas, completos y el olor te tienta. El segundo día es más fácil, porque tienes más autocontrol sobre ti. Piensas ‘esto ya lo comí, ya se lo que es y no lo n
En fiestas patrias los chilenos comen empandas y asados. Para Nur Marian la fecha conlleva reforzar su templanza para no caer en alguna tentación alimenticia. “El dieciocho lo podemos celebrar haciendo unas empanadas y esperar hasta la tarde para comer. Pero estás viendo comerciales y aparece un asado, una empanada, lo que hace que te den ganas de comer. Te tientas un poco, pero como tienes el autocontrol definido dices ‘ya, filo. Después’. Lo difícil es cuando va a algún lado y te dicen ‘¿quieres comer o tomar algo?’. Tu dices que no y tienes que explicar que estás ayunando”….eso sí, con el calor da mucha sed, pero después se pasa”.
Dicen que ser mujer es difícil, porque tienen que cumplir una infinidad de roles diferentes a le vez. Eso lo tiene claro Luz María Cuevas, quien ha tenido que adaptarse a comer solo de noche y seguir con su vida normal durante el día.
“El Ramadán ha cambiado mi rutina. Uno no está acostumbrado a levantarse a comer a las cuatro de la mañana y tampoco a comer nada durante el día. Llegaba del colegio, almorzaba y salía a hacer mis cosas. Ahora es llegar, hacer mis cosas al tiro, sin comer, esperar para hacer comida, con el fin de romper el ayuno en la tarde. Te cambia todo. No es que te da vuelta y te deja la embarrada (en tu cuerpo), pero hay cosas que no estás acostumbrado a hacer, pero tienes que hacerlas. En el colegio no ha cambiado mi rendimiento por el ayuno, pero quizás estoy un poquito más dormilona (risas). En la mañana amanezco bien, pero en la tarde ya se me empiezan a agotar las baterías. Cuando rompes el ayuno se recargan de nuevo”.
Para los musulmanes el Ramadán es un mes en que el espíritu doblega al cuerpo; en el que lo santo vence a lo profano. Con una admirable fuerza de voluntad luchan día a día para mantener el ayuno, ese mínimo acto que les brindará los beneficios divinos. Mientras las revistas de los supermercados nos bombardean con los precios de las carnes y las empanadas, ellos están pensando en la salvación de sus espíritus. En estos días Allah no es un ser lejano, sino que es un cómplice, testigo presencial del sacrificio de sus hijos en pos de la honra divina.
Fotos:
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Fatma Labidi, Mujer Musulmana:
“El Islam le brinda derechos a la mujer”
Fatma Labidi es una tunecina con mucha experiencia en lo que concierne al Islam. Reconocida entre sus pares por su espiritualidad, es una de las personas más indicadas para hablar de la relación entre esta religión y las mujeres.
¿Qué rol cumple la mujer al interior de ésta?
“Respecto al rol de la mujer, la diferencia es que el Islam para nosotros es una manera de vivir. Hay cosas que son privadas y hay cosas que son públicas. Por ejemplo, cuando nosotros salimos a la calle nos ponemos el Hiyab (velo), la vestimenta musulmana para separar lo privado de lo público. Nosotras las mujeres tenemos las reuniones, crecemos y aprendemos (…) en nuestro círculo de mujeres. Por supuesto que asistimos a conferencias que son mix
tas para tener más informaciones, más entendimiento de lo que es nuestra religión. (…) Creemos que la educación es primordial en el Islam para hombres y mujeres, además, ese es un deber de cada musulmán, porque todo está basado en el conocimiento en el Islam.
Yo creo que la mujer de todas las sociedades tiene el mismo rol: criar a sus hijos, cuidar de su casa. La diferencia (de occidente) con el Islam, es que la gente no entra a la casa de un musulmán sin pedir permiso o si el marido no está, ninguna persona puede entrar. Hay una segregación en el sentido de protección, no es una opresión en que no entienden sus necesidades; pero la protección es muy importante. Para nosotros (el Islam), la niña es una joya preciosa. Si tú tienes una joya preciosa, no la andas mostrando por la calle….la pones en la caja fuerte. Ese es el sentido de protección para las niñas y también para los niños. Lo primordial es crecer junto con la pareja: poder compartir a todos los niveles”.
¿Cuáles son los derechos y deberes que le confiere el Islam?
“Primero que todo, el Islam le brinda derechos a la mujer. Hace 1429 años el Islam le dio derecho a la mujer a la educación, a la no discriminación, a la herencia, hizo a la mujer musulmana heredera, y, además, su dinero es su dinero, ella no lo coparte con nadie; si no quiere darlo, no lo da. Con éstas cosas, yo no creo que hay donde perderse porque la religión musulmana es completa. que la religión se completó con el Islam, porque ésta no vino de vacío; es continuación de las otras religiones (la judía y la cristiana). Nosotros creemos en todos los profetas que vinieron: Moisés, que la paz sea con él, Jesús, paz sea con él y Mohammed, que la paz y la bendición sea con él. Hasta cuando hablamos de los profetas los bendecimos. No hacemos diferencia entre ellos. De ellos viene la belleza del pensamiento, y del entendimiento del pasado (…). El Islam es una religión de paz”.
“El Islam le brinda derechos a la mujer”
Fatma Labidi es una tunecina con mucha experiencia en lo que concierne al Islam. Reconocida entre sus pares por su espiritualidad, es una de las personas más indicadas para hablar de la relación entre esta religión y las mujeres.
¿Qué rol cumple la mujer al interior de ésta?
“Respecto al rol de la mujer, la diferencia es que el Islam para nosotros es una manera de vivir. Hay cosas que son privadas y hay cosas que son públicas. Por ejemplo, cuando nosotros salimos a la calle nos ponemos el Hiyab (velo), la vestimenta musulmana para separar lo privado de lo público. Nosotras las mujeres tenemos las reuniones, crecemos y aprendemos (…) en nuestro círculo de mujeres. Por supuesto que asistimos a conferencias que son mix
Yo creo que la mujer de todas las sociedades tiene el mismo rol: criar a sus hijos, cuidar de su casa. La diferencia (de occidente) con el Islam, es que la gente no entra a la casa de un musulmán sin pedir permiso o si el marido no está, ninguna persona puede entrar. Hay una segregación en el sentido de protección, no es una opresión en que no entienden sus necesidades; pero la protección es muy importante. Para nosotros (el Islam), la niña es una joya preciosa. Si tú tienes una joya preciosa, no la andas mostrando por la calle….la pones en la caja fuerte. Ese es el sentido de protección para las niñas y también para los niños. Lo primordial es crecer junto con la pareja: poder compartir a todos los niveles”.
¿Cuáles son los derechos y deberes que le confiere el Islam?
“Primero que todo, el Islam le brinda derechos a la mujer. Hace 1429 años el Islam le dio derecho a la mujer a la educación, a la no discriminación, a la herencia, hizo a la mujer musulmana heredera, y, además, su dinero es su dinero, ella no lo coparte con nadie; si no quiere darlo, no lo da. Con éstas cosas, yo no creo que hay donde perderse porque la religión musulmana es completa. que la religión se completó con el Islam, porque ésta no vino de vacío; es continuación de las otras religiones (la judía y la cristiana). Nosotros creemos en todos los profetas que vinieron: Moisés, que la paz sea con él, Jesús, paz sea con él y Mohammed, que la paz y la bendición sea con él. Hasta cuando hablamos de los profetas los bendecimos. No hacemos diferencia entre ellos. De ellos viene la belleza del pensamiento, y del entendimiento del pasado (…). El Islam es una religión de paz”.
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Los Cinco Pilares del Islam
La fe islámica esta fundamentada en cinco pilares, los que son:
La Profesión de Fe: Es el primer pilar, el que consiste en que se reconoce que Allah es el único Dios y Mohammed su profeta. Una vez dicho “atestiguo que no existe otra divinidad excepto Allah, y atestiguo que Muhammad es su profeta”, se puede considerar a una persona como musulmán.
La oración: Los musulmanes tienen el deber religioso de rezar de manera obligatoria cinco veces al día en dirección a La Meca. Los momentos en que se realizan son al amanecer, mediodía, tarde, puesta del sol y por la noche.
La limosna: Con la finalidad de limitar la riqueza y purificar el alma, los musulmanes deben dar una limosna, cada año, a los más pobres. El monto a donar lo calcula cada persona, pero equivale al 2,5% del capital que se tiene.
El ayuno del Ramadán: Durante el periodo del Ramadán los musulmanes deben abstenerse de ingerir alimento, beber líquido y mantener relaciones sexuales, mientras haya luz del sol.
La Peregrinación: Todo musulmán tiene el deber de peregrinar, al menos una vez en la vida, a la ciudad de La Meca, en Arabia Saudita. Eso sí, tiene que realizarse siempre que se tengan los recursos económicos y un buen estado de salud.
La fe islámica esta fundamentada en cinco pilares, los que son:
La Profesión de Fe: Es el primer pilar, el que consiste en que se reconoce que Allah es el único Dios y Mohammed su profeta. Una vez dicho “atestiguo que no existe otra divinidad excepto Allah, y atestiguo que Muhammad es su profeta”, se puede considerar a una persona como musulmán.
La oración: Los musulmanes tienen el deber religioso de rezar de manera obligatoria cinco veces al día en dirección a La Meca. Los momentos en que se realizan son al amanecer, mediodía, tarde, puesta del sol y por la noche.
La limosna: Con la finalidad de limitar la riqueza y purificar el alma, los musulmanes deben dar una limosna, cada año, a los más pobres. El monto a donar lo calcula cada persona, pero equivale al 2,5% del capital que se tiene.
El ayuno del Ramadán: Durante el periodo del Ramadán los musulmanes deben abstenerse de ingerir alimento, beber líquido y mantener relaciones sexuales, mientras haya luz del sol.
La Peregrinación: Todo musulmán tiene el deber de peregrinar, al menos una vez en la vida, a la ciudad de La Meca, en Arabia Saudita. Eso sí, tiene que realizarse siempre que se tengan los recursos económicos y un buen estado de salud.
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