Mucho se habla de la sexualidad juvenil. Los adultos miran horrorizados algunas de las tendencias que los medios de comunicación se han empecinado en mostrar una y otra vez: sexo casual, besos con desconocidos y pudor a cota cero. Pero, ¿qué tienen los jóvenes que decir sobre esto?, ¿de dónde obtienen la información sobre sexualidad?, ¿qué tan liberales son, en verdad, los jóvenes chilenos?
Por Ricardo Ramírez Vallejos y Pamela De Vicenzi Torres
La adolescencia es el período de la existencia en el que se comienzan a crear los lazos de pareja que provocan el ini
Al hablar de la primera vez, los jóvenes admiten, en su mayoría, no haber usado protección. Solo un 44,7 por ciento dice haber utilizado algún método de prevención. Esto constituye un riesgo latente de contagio de alguna de las enfermedades de trasmisión sexual o de embarazo. Sin embargo, existen jóvenes que tienen opiniones disidentes: “Para quedar embarazada hay que ser tonta. Hay tantos métodos ahora. Están todas las posibilidades para cuidarse: condones, pastillas, lo que sea”, dice Camila, una joven que acaba de egresar del colegio Pedro Poveda de Maipú.
A la hora de aprender de los métodos de anticoncepción o de recibir consejos sobre el inicio de la vida sexual, los jóvenes dicen haber usado a sus padres como fuente primaria. Sin embargo, admiten también haber aprendido a través de Internet o de conversaciones con sus amigos. Los adolescentes saben de condones y píldoras, aunque algunos no han recibido la información suficiente. Esto deriva en casos de embarazo y las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS).
Por otro lado, los colegios, que deberían preocuparse de un aprendizaje integral de los jóvenes, aún no hablan por completo sobre la sexualidad. Si lo hacen, es información sesgada, ya sea por la doctrina o pensamiento –en el caso de los establecimientos católicos–, o bien, por una ignorancia permitida. “El colegio entrega la información a su manera: como es cristiano, dice solo cierta parte”, acusa Francisca, quien cursa cuarto medio en el colegio Santa María, de la comuna de Santiago. La excepción es la clase de Biología, en la cual los sistemas reproductores y su funcionamiento es materia obligatoria, además de las enfermedades que se transmiten a través de los fluidos.
Pese a que los jóvenes reconocen la profunda deficiencia que existe en los colegios en cuanto a los planes de educación sexual, dicen que la enseñanza debe venir de la casa. “No todo es responsabilidad del colegio. Lo demás está por la casa y la formación que nos den. Los papás son el fundamento y el colegio ayuda”, opina Carlos, del Santa María.
Sobre los mecanismos para actuar frente a un embarazo no deseado, los jóvenes muestran contradictorias opiniones. Mencionan el aborto. Algunos saben de qué se trata, cuáles son los procedimientos médicos, los riesgos, pero no todos están de acuerdo. En sus caras se evidencia que el tema sigue siendo complicado, tabú quizás. Según datos de la quinta Encuesta Nacional de la Juventud, el 42,5 por ciento de los jóvenes apoya el aborto terapéutico, mientras que el 61,9 por ciento de ellos apoya el uso de la píldora del día después. Esta última presenta mayores grados de aprobación entre la población joven porque la ven como una opción efectiva y no dañina para la embarazada ni para el embrión. Frente a todo, los jóvenes mencionan que es necesario actuar con responsabilidad. “Hay que asumir las consecuencias de los actos”, dice Carolina, del Pedro Poveda.
La responsabilidad y el asumir marca también su opinión sobre la promiscuidad
No todos los jóvenes están por el sexo en lugares públicos o por dejar el pudor en casa. No todos los jóvenes se sientes representados por la tendencia mañosa de los medios de comunicación de mostrar adolescentes besándose con quien se le ponga en frente. Sin ser jóvenes pacatos, pechoños o “chapados a la antigua”, están por la responsabilidad, quieren dirigir su vida y no permitir que un impulso los lleve a romper el futuro que han estado planeando.
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